UNA HISTORIA DE VIDA

REALIZAR MI SERVICIO SOCIAL EN EL IHEA ME AYUDÓ A CONVIVIR Y CONOCER AÚN MÁS A MI ABUELITO

Cuando llegaron a presentar el catálogo de dependencias en las cuales podría realizar mi Servicio Social, nunca me imaginé que al elegir al Instituto Hidalguense de Educación para Adultos (IHEA), tendría la oportunidad de acercarme a mi abuelito, de conocerlo aún más, y poder ayudarlo a aprender a leer y escribir”, expresó América Romero Ocádiz con una sonrisa en su rostro al recordar lo vivido en esta etapa universitaria.

Agregó que “cada día que pase junto a mi abuelito aprendiendo cosas nuevas de su vida, de su infancia, la cual se vio marcada o interrumpida porque tuvo que abandonar la escuela, a la que solamente asistió los primeros años para después tener que empezar a trabajar, conocer esa parte tan desafortunada me hizo dedicarme con más entusiasmo a enseñarle a escribir, a leer, a realizar operaciones matemáticas básicas, prosigue su relato América con gran entusiasmo”.

Relató su felicidad porque “mi abuelito se animó a estudiar, sino que también su esposa se sumó a estas reuniones de convivencia y aprendizaje, en las que hubo momentos de desánimo cuando no entendían un tema, pero siempre pudieron más las ganas de seguir aprendiendo y prueba de ello es que ambos pudieron concluir la etapa de alfabetización, por lo cual me siento orgullosa de su esfuerzo”.

Señaló “debo reconocer que también aprendí de ellos, de la sabiduría o experiencia que sus años de existencia les han dejado, el ser paciente y saber esperar todo a su debido tiempo, a reconocer que en el camino que aún me falta por recorrer quedan muchas experiencias, anécdotas y tal vez una que otra dificultad, pero todo ello me hará madurar, disfrutando cada momento que la vida me tiene preparado, precisa América”.

“Creo que si tuviera la oportunidad de volver a ayudar a alguien a poder iniciar o concluir su educación básica, sin dudarlo lo haría, porque no hay experiencia más maravillosa que saberte útil y formar parte de la oportunidad de crecimiento, desarrollo personal de una persona joven o adulta, ser quien impulse o ayude a alcanzar el sueño que por muchos años han tenido de poder escribir su nombre, leer un anuncio o recado por su propia cuenta”.

Finalmente, precisó que “es por todas estas experiencias, momentos inolvidables y satisfacciones tan indescriptibles que he podido vivir, que invito a todos aquellos jóvenes que aún no han decidido donde van a hacer su servicio social, a que como yo vean como primera opción al IHEA, ya que no solamente cumplirán con un requisito necesario para su andar educativo, sino que formaran parte del cambio que necesita nuestro país de contar con mujeres y hombres mejor preparados para la vida”.